A partir del sábado nos vamos dos semanas por el Año Nuevo Chino a Filipinas, de islita en islita, y la verdad es que no veo el momento que llegue (eso sí, seguirán llegando entradas al post mediante algún truco de magia tecnológico… no dejeis de leer). Estamos sufriendo un poco para encontrar alojamiento, porque parece que es vacaciones no sólo para nosotros… vamos, que aproximadamente 1/5 de la población mundial está de vacaciones estas dos semanas. Menos mal que no todos se van a Filipinas como nosotros, si no que se van a sus casas con la familia… menos mal.

Y esto me ha hecho pensar que al ser humano tiene una atracción especial con las islas. Será por estar ailado del mundo, será por el sentimiento de exclusiviad, o será porque sí, quién no ha soñado alguna vez con estar de vacaciones en una isla desierta? (espero conseguirlo yo estas vacaciones, por cierto)

Pues eso debe de ser lo que pensaron los Europeos hace 150 años que llegaron a Xiamen (厦门, ya os dije que estuvimos allí, no?). Voy a dar un poco de rollo histórico: En 1842 se acabó la primera guerra del Opio y China firmó el tratado de Nanking con Inglaterra donde se establecieron 5 puertos francos desde los que los Europeos podían comerciar con China. Shanghai era uno de ellos, y otro era Xiamen (antiguamente se llamaba Amoy, no sé si tendrá algo que ver con la salsa de soja :). Pues los Europeos que vinieron a Xiamen pensaron que bueno, mejor estar un poco apartados de la humanidad, y la islita que estaba justo enfrente de la isla de Xiamen tenía una pinta estupenda… Y ahí se metieron todos, creando propio ghetto en Gulangyu (aunque mira por donde, este ghetto era bastante apañado).

Gulangyu es una de las razones para visitar Xiamen. No hay coches ni bicis, sólo unos buses eléctricos (que clavan un poco, pero bueno) que te llevan al otro lado de la isla si no tienes muchas ganas de caminar. Está toda llena de marisquerías con pescadito fresco a precios razonables (aunque en cubetas de plástico, lo que le quita un poco de glamour),

casas victorianas (aunque les falta una capa de pintura a alguna que otra, pero ya las querría yo para mí)

y casas de té (en las que te dan a degustar tés para que te acabes comprando alguno).

Los hoteles allí no parecen que estén mal (aunque no nos quedamos en ninguno) pero si teneis que coger un vuelo comprad el billete del ferry antes (mirad la cola!).

Por cierto, el ferry para ir a Gulangyu es gratis, sólo pagas 1 RMB (0.1c de euro) si subís al piso de arriba. Pero hay que pagar 8 RMB a la vuelta… así que si llegais y no hay cola, mejor comprarlo antes… os ahorraréis bastante tiempo. Otra cosa rara es que por alguna razón es gratis después de las 22h… quizá para potencia que te quedes lo más posible.