Algo que me sorprende de Shanghai son los contrastes. Hay cosas muy sencillas y cosas muy complicadas. Lo más difícil es el chino… así que todo lo que tenga que ver con el idioma es complicado. Así que sin contar el idioma, casi todo es fácil… Alquilar un piso es fácil. Un mes de fianza y au… Aún me acuerdo del dossier que había que preparar en París (de hecho me fuí a Londres por no tener que hacerlo). Otra cosa fácil es comer. Hay comida en todas partes, barata y con dibujos… e incluso con los nombres en inglés en casi todos.

Pero hay algo que me alucina. La tarjeta de transporte.

Es RFID, de estas que metes en la cartera y sólo tienes que pasarla por el lector para que la lea. Hay en más sitios, pero la diferencia aquí es que también sirve para pagar otras cosas. Por ejemplo la comida en mi Universidad! Eso es una ventaja… Y otra cosa muy molona es pagar los taxis. Así que los taxis están integrados como otro sistema de transporte. Por fin! También cabe decir que no es exportable a todas la ciudades mientras se mantengan los precios abusivos de los taxis. Quizá Shanghai sea un poco extremo. Es muy barato. Por ejemplo, ayer cogimos un taxi 17km y costó 5 euros. Recorridos de menos de 3km por 1 euro… así vale la pena cogerlos. Y hay mogollón.

No son Mercedes, pero tienen una fundita blanca que sorprendentemente está bastante limpia (sorprendente por la polución) y tienen el famoso lector de tarjetas de transporte.