Hasta hace no mucho tiempo, no estaba permitido tener un perro en China. Cuando los comunistas llegaron al poder en 1949 decidieron prohibir los perros ya que los consideraban un “símbolo de decadencia extravagancia criminal en una época de restricciones de comida”, y un lujo burgués. Se llegó incluso a ordenar disparar a todo perro que se viera en público durante la “Revolución Cultural” (aunque durante esta época  todo fueron barbaridades, esta tampoco sorprende tanto).

En algunos sitios servían incluso de comida, pero creo yo que esto está excesivamente exagerado… Aparentemente sólo se comen algunas razas de perros y en lugares bastante específicos. Cualquiera que quiera probar perro tendrá que buscar mucho para encontrar uno de estos restaurantes (que los hay, no digo que no, pero escondidos) y pagar bastante por ello. En Corea, por el contrario, parece que es más común. Aquí vino una de mis primeras “metidas de pata” cultuares. Conversación con colega coreano del master:

Yo: En Corea comeis también cosas graciosas, como perros en China?
Colega: No creo que comer perro sea gracioso. Están muy buenos.

Así que si os apetece probar perro (paradójicamente me he encontrado más occidentales que quieren probarlo que chinos) id a Corea. Pero googleando un poco he visto que aparentemente no se quiere que los occidentales sepamos que se come perro allí.

Bueno, que me desvío, volvamos al tema. Desde que el señor Mao la palmó en el 76, se empezó a ver los perros con otros ojos, y dicen que incluso Deng Xiaoping tenía un par. Entonces los chinos ricos empezaron a comprarlos para “aparentar” (que es algo que les pone mogollón, como ya he comentado en otra ocasión) y tras la política del hijo único, empezaron a hacerse más populares (suplmento del niño con un perro para equilibrar un poco).

Así que ahora es más normal encontrar a gente paseando perros por la calle, incluso en pijama (como puse en uno de mis primeros posts), y se están convirtiendo en artículos de lujo, con ropa para ellos, tiendas especializadas, etc…

Y es que el negocio de las mascotas va a dar mucho dinero en este país.

El otro día me crucé con una furgoneta aparcada en una zona residencial que me llamó mucho la atención: Una furgoneta “lavaperros”.

La idea es cojonuda. Aunque cada vez hay más perros, si pones tu tienda “lavaperros” en una calle cualquiera, tus clientes potenciales se ven limitados a la zona de los alrededores y no sabes cuantos perros habrá en ese barrio. No obstante, con la furgonetilla puedes ir a varios sitios y adaptarte a la demanda, sólo hacer falta hacer publicidad anunciando cuando vas a venir.

Además, está muy bien montada, con su propio generador y todo (hacía un poco de ruido, eso sí).